miércoles, 15 de julio de 2009

"Enseña" no "Senyera"



El Pendón o la "Enseña" de Aragón. Y de nadie mas.

Ahora después de insistir repetidamente el Gobierno de Aragón, que exige y no pide, la devolución de su patrimonio expoliado durante décadas a la Generalidad de Cataluña. Todo su patrimonio cultural que durante décadas está en el museo "Nacional" de Cataluña. Ellos después de exigir los papeles de Salamanca, alegan que allí llevan mucho tiempo y que quien mejor que ellos para salvaguardar estos tesoros Aragoneses. Claro, según ellos (Hay que joderse) No es lo mismo. Por robar que no quede, han robado toda una identidad desde el principio, la "Enseña" de todo un verdadero reino, de toda una nación conquistadora y para nada cobarde. ARAGÓN.


La Bandera de Aragón se basa en el tradicional Señal Real de los Reyes de Aragón, que era antiguamente usado únicamente por el Rey, como expresivo de su soberanía. Existe documentación que prueba fehacientemente que el emblema fue utilizado al menos desde los tiempos de Alfonso II en sigilografía, siendo universalmente conocido en heráldica como «Aragón». Son elementos comunes de la Bandera y el Escudo los «palos de gules» o «barras de Aragón», elemento histórico común de las actuales cuatro comunidades autónomas que en su día estuvieron integradas en la Corona de Aragón, en cuya emblemática se encuentran todavía, y que en su representación se incorporaron al Escudo de España. De acuerdo con lo establecido en el Artículo 3 del Estatuto de Autonomía, la Bandera de Aragón es la tradicional de las cuatro barras rojas horizontales sobre fondo amarillo. La Ley 2, de 16 de abril de 1984, de la Comunidad Autónoma de Aragón regula el uso de la Bandera y el Escudo de la región. Desde hace años, se viene utilizando minoritariamente otra señal para reivindicar la independencia de Aragón, la Estrelada aragonesa (formada por las cuatro barras de Aragón y una estrella roja en el medio).


Historia de la bandera [editar]

Su origen está en las armas de linaje de los reyes de Aragón o Casa de Aragón, conocido en la Edad Media como "signum nostri" o "el señal real de Aragón". Este emblema de palos de gules y oro se usó en sellos, estandartes, escudos y pendones indistintamente, no siendo sino un emblema heráldico hasta que, con el nacimiento del Estado Moderno con los Reyes Católicos, comience a ser símbolo territorial. No se ha encontrado ninguna referencia documental hasta el 1150, en que aparece como escudo preheráldico en un sello de Ramón Berenguer IV, príncipe de Aragón y conde de Barcelona. Aunque la escasa nitidez del sello, y su monocromía, hacen dudosa la atribución, pues el escudo palado y blocado refleja los habituales refuerzos defensivos de los escudos de mediados del siglo XII, por lo que este no sería un signo de linaje, sino el mero escudo de tablas almendrado que simbolizaba el poder real. La aparición de la heráldica en la Península Ibérica no se dio hasta mediados del siglo XII, según los estudios de Faustino Menéndez Pidal y Navascués. El primer testimonio como escudo heráldico está en los sellos de la cancillería de Alfonso II datados a partir de 1173. Fluviá aduce como prueba de su vinculación a la casa condal barcelonesa su presencia en un sarcófago de 1082 de Ramón Berenguer II donde aparecen 15 palos de oro y gules;1 sin embargo, no puede ser una prueba de la antigüedad del emblema asociado al linaje condal, puesto que esta es una decoración impostada por iniciativa de Pedro IV de Aragón con motivo de su traslado en 1385 al interior de la Catedral de Gerona. Por lo tanto, la pintura aludida sería 300 años posterior, ya que en su emplazamiento original -a la intemperie durante tres siglos- el sarcófago no pudo conservar con esa nitidez la pintura del siglo XI, como demuestra Alberto Montaner Frutos2 y el informe arqueológico del hallazgo. El historiador Guillermo Fatás Cabeza y el catedrátido de heráldica de la Institución Fernando el Católico, dependiente del CSIC, Guillermo Redondo3 postulan la tesis de que el emblema de las barras de gules en campo de oro proviene de la temprana vinculación del Reino de Aragón con la Santa Sede. En todo caso, el linaje de los reyes de Aragón es el único linaje que podía ostentar los mentados palos de gules en campo dorado, puesto que Alfonso II lo hereda del derecho sucesorio que le concede un lugar como miembro de la Casa de Aragón, y lo heredan sus hijos como dignidad familiar y siempre vinculado al título principal de Rey de Aragón (en el derecho aragonés medieval conocido como "Matrimonio en Casa"), linaje al que accede por el matrimonio con la heredera de la casa, Petronila de Aragón, al haberse cortado la posibilidad sucesoria por vía masculina. El señal de la Casa de Aragón son unas armas cuyo origen probable, según los autores citados,4 esté inspirado por el viaje de Sancho Ramírez (1064-1094) a Roma en 1068 para consolidar el joven Reino de Aragón ofreciéndose en vasallaje al Papa, vasallaje documentado incluso en la cuantía del tributo de 600 marcos de oro al año. De ahí que se haya aducido que Alfonso II, conocedor de ese viaje, tomara como emblema del vínculo vasallático las conocidas barras rojas y oro, inspirado en los colores propios de la Santa Sede, que eran bien conocidos y están bien documentados en las cintas de lemnisco de los sellos de la Santa Sede, y son visibles hoy todavía en la umbrella Vaticana. Hay que decir que en la segunda mitad del siglo XII, el señal de la Casa de Aragón era un mero distintivo familiar, y no territorial, de manera que no era posible la identificación con él de sus súbditos, que lo reconocerían sólo como atributo de su rey o de la autoridad de él emanada. La confusión sobre su origen condal es debida a la utilización que la Renaixença hizo en el siglo XIX de la historiografía del siglo XVI y está apoyada en documentos de Pedro IV de Aragón, que, olvidado ya el contrato de Matrimonio en Casa del enlace entre Petronila y Ramón Berenguer, consideraba las armas eran de linaje condal y no de la Casa de Aragón, pues estaba lejano el documento de esponsales por el que se regulaba su adscripición al linaje de los Aragón.5 Del mismo modo que consideraba las armas más antiguas del linaje de la Casa de Aragón la Cruz de Íñigo Arista, o la Cruz de Alcoraz (o de San Jorge acantonada de cabezas de moro), que no se consolidan en el escudo de Aragón hasta el siglo XV. Véase a este respecto el estudio de Alberto Montaner Frutos.6 Además, Pedro IV usó con profusión otros símbolos, ya caballerescos en el sentido que cobrarían en el siglo XV, ceremoniales y ornamentales, como la cruz de San Jorge, e incluso fundó una orden de caballería valenciana caracterizada por estas armas. Asimismo, fue él quien usó una cimera con un dragón (probablemente emblema parlante: D'Aragón=dragón) y de ahí el entramado que hizo a San Jorge patrón de Aragón, por serlo de su rey, y con ello de todos los reinos (Valencia, Mallorca, Sicilia) y condados (Barcelona) que componían la Corona de Aragón. De ese dragón en cimera debió surgir, por deformación, el murciélago de Valencia.7 La designación de la documentación medieval para esta enseña es "El senyal real del Rei d'Aragón". Por otra parte, rey de Aragón es el título principal de esta Casa, que utilizaron todos los reyes de Aragón arriba mencionados, desde Ramiro II (que entregó su poder a Ramón Berenguer IV como «princeps» o dominador), Petronila (reina de Aragón entre 1157 y 1162) y Alfonso II hasta Martín I El Humano o Alfonso V El Magnánimo. Sólo si se consignaba el título completo aparecía el de "Conde de Barcelona", que es la única denominación posible en la Edad Media. La leyenda catalana atribuye su origen al conde Wifredo el Velloso (Guifré el Pilós), en el siglo IX. Wifredo el Velloso era hijo de Seniofré de Urgel, y reunió bajo su gobierno los condados de Barcelona, Urgel, Cerdaña, Besalú y Gerona; reconquistó Montserrat, fundó el monasterio de San Juan de las Abadesas y vivificó el de Ripoll. Repobló todo el centro de Cataluña y con esto consolidó su unidad interior. Inició la casa de Barcelona, la dinastía catalana que se subordinaría, con la firma del "Matrimonio en Casa" con Petronila de Aragón desde 1150, a la Casa de Aragón. Esta explicación legendaria, presente en Castilla y otros lugares de Europa, refiere que en una de sus gestas decidió, con sus seguidores, una victoria de los francos sobre los normandos. El premio que habría recibido por ello sería un escudo con fondo de oro de manos del rey Carlos II el Calvo. Explica la leyenda que el mismo rey pintó, con los dedos manchados de sangre de las heridas del conde, las cuatro barras rojas. Juan Sans y de Barutell refutaría la credibilidad de esta leyenda.8 Fluvià propone como apoyo documental una inicial miniada de la versión catalana de la Crónica de San Juan de la Peña donde aparece el conde Guifredo (no su hijo, Guifredo el Velloso) rindiendo vasallaje al emperador Carlomagno, pero los escudos que portan son apócrifos. El de Carlomagno, que nunca usó, es una recreación del siglo XIV, puesto que en época de Carlomagno no se usaban escudos de armas, y los atributos del emperador eran el pomo y el cetro. El de Guifredo sería también fruto del hecho de que la Crónica fue compuesta en el taller de Pedro IV en la segunda mitad del siglo XIV.9 Como vemos, la labor de rearme emblemático y heráldico de Pedro IV, que necesitaba hacer prevalecer su dignidad frente a la nobleza en la crisis de la sociedad estamental del siglo XIV, fue ingente.


Enlaces externos [editar]

Vía Wikipedia

domingo, 5 de julio de 2009

Benjamín de Tudela



Benjamín de Tudela

(Tiene tela, es el primer occidental en llegar a China, antes incluso de Marco Polo. Todo esto en el siglo XII)


(n. Tudela, (Navarra), 1130 - 1173). Viajero y escritor.

Poco se sabe de él ya que la única fuente de que disponemos es su “Libro de Viajes”. Aunque escritores no judíos le titulan frecuentemente como “rabí”, no existen pruebas concluyentes de que lo fuese. Hijo del rabí Jonás y hombre preparado, pues tenía formación en historia, además de ser conocedor del hebreo, arameo, griego, latín y árabe.

Podría fijarse el inicio de sus viajes entre 1159 y 1167 (reinando en Navarra Sancho VI “el Sabio”) y su regreso en 1172-1173 (año 4933 del calendario judío). Según esto, sus viajes tuvieron una duración mínima de cinco años y una máxima de catorce. Ésta última hipótesis parece la más probable, dado que su última etapa -desde que abandona Egipto hasta que llega a España- duró por lo menos un año.

Tampoco se conoce la finalidad de estos viajes, si bien parece que Benjamín de Tudela pudiera haber sido comerciante en piedras preciosas ya que consta que en más de una ocasión mostró vivo interés por el comercio del coral. En su viaje tomó contacto con las comunidades judías que se iba encontrando.

En total, visitó 190 ciudades de Europa y Oriente, convirtiéndose en una de las primeras fuentes de la demografía judía. Su interés se centró en los judíos y su situación, describiendo personalidades, centros de estudios, población, formas de vida, dificultades y éxitos. También habla de los grandes acontecimientos políticos e históricos de su época.

Su Libro de Viajes (Séfer Masaot), publicado en hebreo en Constantinopla en 1543, se basa en las notas e impresiones recogidas durante su largo periplo. Desde Tudela desciende por el valle del Ebro: Zaragoza, Tortosa, Tarragona, Barcelona y penetra en Provenza a través de Gerona. Se embarca en Marsella y viaja a Génova, Pisa, Lucca y Roma, ciudad en la que debió detenerse durante un tiempo, a juzgar por el minucioso relato que ofrece de sus monumentos.

Deja Roma y se encamina hacia el sur, donde llega a Salerno. Embarca nuevamente en Otranto, pasa por la isla griega Corfú, en el mar Jónico, y Arta. Atraviesa Grecia y se detiene en Constantinopla, de la que ofrece una viva descripción, de gran importancia para el conocimiento de las condiciones y situación socioeconómica de sus habitantes en aquel momento.

Cruza el mar Egeo (islas Mytilene, Chíos, Samos, Rodas) hasta Chipre. Ya en tierra firme, pasa por Antioquía, Sidón y Tiro, entrando en Palestina por Acre, en aquellos momentos en manos de los cruzados. Recorre el país y describe detalladamente los Santos Lugares, dejando un documento de especial interés para el conocimiento de Palestina de aquella época.

De camino hacia el Norte, pasa por Tiberíades, Damasco, Alepo y Mosul, con un itinerario difícil de precisar. Llega a Bagdad, ciudad que describe con mayor extensión que cualquier otra. Es probable que viajara a lo largo y ancho de Mesopotamia y Persia, aunque en estos relatos abundan los materiales legendarios. Es improbable que se aventurase a traspasar estos ámbitos geográficos, aunque se esforzó por reunir noticias sobre las comunidades judías de lugares a los que no viajó, como Arabia, Persia, Asia central, India o Ceilán, e incluso menciona la existencia de la judería de Kai Fong en China.

Ya de vuelta, hace una admirable descripción de Egipto y en especial, de la vida de los judíos en El Cairo y Alejandría, ciudad en la que embarca para llegar a Sicilia. Nos da una descripción cuidadosa y pintoresca de Palermo. De allí, probablemente, regresa a España por mar, aunque el itinerario finaliza con una idealizada visión de la vida judía de Alemania y del norte de Francia, basada tal vez en relatos que llegaron a sus oídos.


Ediciones [editar]

  • Libro de viajes. Gobierno de Navarra. Fondo de Publicaciones, 1994.
  • Libro de viajes de Benjamín de Tudela. Riopiedras Ediciones, 1982.
  • Libro de viajes. Ediciones y Libros, S.A., 2002

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